Sonatina en re menor

Muy lenta, el agua, sobre
los campos cae.
La tórrida selva, ahora
bañan las lluvias invernales.

Cendales grises revisten
cañadas y valles
estrechos. Las cimas enhiestas
cubren densos cendales
albísimos. Lenta, el agua, sobre
los campos cae.

Estremecidas las palmeras,
desmelenados los guaduales,
el río encinta
de gigantescos árboles.
El tedio —de brumas— regado
por todas partes.

Por el piano unos dedos rudos
pulsan las teclas suaves.
Adagio molto lento
quasi grave
en re menor (de una Sonata
que la compuso... nadie
lo sabe).

Por el piano unos dedos
inhábiles
pulsan las teclas mudas
de mis sueños innumerables.
Adagio molto lento
quasi grave.

Muy lenta, el agua, sobre los campos
hirsutos, cae;
sobre los erizados matojos
y los ásperos herbazales;
sobre las hojas de zinc
de las techumbres estridulantes.
Ante mi gesto fatigado
desdeñoso (tachado)
la lluvia cae;
y a mis pies, como un perro
amigo, el fastidio yace.
hastío

Cendales grises revisten
cañadas y valles.
Las cimas enhiestas
cubren densos cendales
albísimos. El río
encinta de troncos gigantes.
Entumecidos mis deseos
vibrantes.
Entumecidas mis ambiciones
zig-zagueantes.

Por el piano unos dedos rudos
pulsan las teclas suaves
ágiles.

Adagio molto lento
quasi grave (de una Sonata
que la compuso... nadie lo sabe).
Por el piano unos dedos
traban acordes a ninguno semejantes.

Una velada melodía
pasea su cántiga frágil
suave
donde el amor a la Unica
es la esencia inefable.

Los dedos pulsan las teclas mudas
de mis ensueños innumerables.

Muy lenta, el agua, sobre
los campos cae.
La tórrida selva, ahora
bañan las lluvias invernales.

II 1927 · Río Cauca. El Morito

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